De un logo

Publicado en February 07, 2014 por JOSE MARTÍN ZAMBONINO

 

 

 

Corría el año 1979, había teles en b/n, España estaba en plena transición y durante el mes de septiembre la Madre Teresa de Calcuta fue galardonada con el premio Nobel de la paz. Tranquilos no os voy a hacer un Cuéntame... Pero lo más importante es que una mañana que recuerdo plomiza, de ese mismo mes, fue mi primer día de colegio. Concretamente en el colegio San Pablo C.E.U.

 

 

 

 

 

Que, por cierto, era un colegio que me parecía descomunal, con miles de alumnos y de edificios de color granate situado a las afueras de Madrid, Montepríncipe.

 

Yo lloraba desconsolado y lo seguí haciendo durante todo preescolar cada vez que mi padre me dejaba en clase y me decía adiós desde el otro lado de la ventana mientras se alejaba bajando unas escaleras. Moqueaba a toda máquina. Pero no era el único. Había otro niño, al que el destino sentó a mi lado, que también lloraba a moco tendido un día sí y otro también. Quizá fue por eso, el caso es que nos hicimos amigos. Él, Carlos, de ojos rasgados y pelo castaño siempre revuelto. Yo, Jose,  pelirrojo, menudo y con el pelo cortado a tazón.

 

 

Carlos fue mi primer amigo. Éramos inseparables no sólo en el llanto, también en todo lo demás. Al dúo se unió enseguida Álvaro, que era el contrapunto extrovertido y audaz de nosotros dos y para cerrar el círculo, de pelo rubio. Nos hicimos inseparables.

 

Aunque suene a tópico, la verdad es que eran años felices. Madrugones aparte, todo era fácil. Ir al cole, estudiar un poco, jugar al fútbol, convivir con Carlos y Álvaro y el futuro se reducía a qué curso pasabas al año siguiente.

 

 

Y así pasamos 7 años, hasta que, al terminar 6 de EGB, me cambiaron de colegio. Recuerdo mi último día en el C.E.U. Creo que era junio, hacía calor y nos fuimos de excursión. He olvidado a dónde fuimos pero recuerdo perfectamente la sensación al terminar el día a las 16:30h. Iba camino de la salida acompañado por algunos compañeros de clase sabiendo que cerraba una etapa, que me iba para no volver (ya sabía que el año siguiente no estaría allí) y sin atreverme, vaya ud a saber por qué, a decírselo a nadie.

 

Y me fui. Recaí en otro colegio muy distinto. O más bien, absolutamente opuesto. Era el colegio Virgen de Lourdes, que estaba al lado de mi casa y me puso en contacto con otra vida y con otra gente que todavía sigue aquí (y por muchos años).

 

En 1986 existían el teléfono analógico y el correo postal. Pero poco más. Creo recordar que mantuve una charla con Álvaro después de marcharme, y después, silencio. La vida siguió...

 

Pasaron los años, siempre me acordé de mis antiguos compañeros, y llegó 2008, poco después Facebook. Era verano, yo estaba en Zahara de los Atunes (favorito lugar de vacaciones donde los haya) con mi amigo, casi mi hermano, Dani. Por aquel entonces África y yo, digamos que todavía estábamos en proceso de pulir algunas diferencias y yo era como un alma en pena rodeado de la santa paciencia de Dani y un montón de gente vacacionando.

 

Y de golpe y porrazo (como siempre dice África) me encuentro en una cosa que decían que era una red social, con mi primer amigo: Carlos!!!

Y con él un montón de compañeros de mi primer colegio. La verdad es que todo esto me alegró la vida.

 

 

 

En cuanto llegué a Madrid fuí a verle y conocí también a Mónica. Atentos a Mónica por cierto...

 

 

Y redescubrí a mi primer amigo y volvió a estar en mi vida junto con la talentosa Mónica y ahora con el pequeño Milo.

 

 

Al poco tiempo y una vez África y yo recuperamos nuestra relación, y la muy inconsciente hasta aceptó casarse conmigo...

 

 

 

Nos juntamos los cuatro varias veces y entre ellas también surgió una buena amistad. Siempre que visitábamos a los Rincón Calvo y veíamos sus trabajos nos encantaban. El nivel de creatividad de Carlos es estratosférico y si os cuento cómo se construyó su propio estudio de sonido móvil (sí, móvil) e insonorizado para no molestar en la planta alta de su casa y cómo aprendió a tocar el violín en un añito, os haréis una idea.

Bueno, que me desvío, al ver las ilustraciones de Mónica para cuentos infantiles nos quedábamos fascinados... Después de todo esto empezó la aventura Cookies, y mi santa esposa con excepcional buen criterio como en ella es habitual, pidió a Mónica que diseñara nuestro logo. La idea era mostrar una imagen, una representación de una chica que hace galletas y no puede resistirse a comérserlas porque le encantan.

Al principio dudó, ya que los suyo no son las caricaturas, pero al descubrir que más que una caricatura buscábamos una ilustración inspirada en África, Mónica tardó unos 7 nano segundos en hacer exactamente lo que necesitábamos. Para muestra los primeros bocetos:

 

 

 

Y hasta aquí la historia del cómo nació nuestro logo.

Después han venido un montón de momentos buenos gracias a él: felicitaciones, respuestas positivas, mensajes redundando en lo acogedor que le resulta a todo el mundo y la constitución gracias a él de nuestra imagen de marca. Que vale, a día de hoy no es coca-cola, pero dadnos tiempo....

 

Nos gusta, nos representa, nos ayuda, proviene de gente extremadamente buena, nos enorgullece, nos posiciona y nos hace felices. No sé si achacarlo al destino, al azar, a Dios o a mi imaginación... Pero desde luego sé seguro, que desde este nuestro logo, casi 40 años nos contemplan.

 

 

J.

 

Publicado en afriscookies, logo


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